Narrado por Noah
El Pacífico no se parece en nada al norte, ni a las montañas gélidas donde una vez nos escondimos de los monstruos que tenían forma de hombres y nombres grabados en oro. Aquí, el agua no tiene memoria; se rompe contra la arena y se retira, limpia, llevándose las huellas de los que caminan por la orilla, como si les recordara que cada mañana el suelo vuelve a estar intacto. Es un ciclo eterno de purificación. Un borrón y cuenta nueva dictado por la naturaleza.
Llevo cuatro años