Aria le cogió la mano, —Mamá, ¿le dolerá a Riqui? Le han sacado tanta sangre.
Magnolia bajó los párpados y acarició la cabeza de su hija, sin responder por un momento.
Todo lo que sabía era que iba a terminar lo todo.
Cuando terminó, Ricardo estaba tumbado en cama con el rostro débil, vestido con una bata de hospital holgada.
Magnolia entró con Aria, respiró hondo y dijo, —¿estás bien?
—Bueno.
Ricardo miró a la niña, —Aria, mira, es muy fácil, no tengas miedo.
Aria se acercó y le cogió la mano,