Se miraron David y Magnolia, con un brillo en los ojos.
En ese momento, la abuela Vargas rompió el silencio, saludó a Magnolia sonriendo, —Magnolia, qué haces parada en la puerta, ven para acá.
Magnolia apenas logró mostrar una sonrisa mientras caminó rígidamente hacia la anciana señora Vargas, colocando las flores dentro del jarrón a su lado y volviendo a mirarla, —¿cómo estás últimamente?
—Muy bien, pero ¿por qué no tienes una mala pinta?
La abuela Vargas le cogió la mano y la miró detenidamen