Magnolia escuchó el habitual tono interrogativo del hombre, que sus ojos seguían exactamente igual que antes.
Ella se alborotó el pelo recién secado, —pues, adivínalo.
Ricardo vio su acción, se recogió el pelo hasta las orejas, los tirantes que llevaba en el hombro se bajaron, dejando al descubierto una amplia zona de piel a la cálida luz.
El hombre se paralizó por un momento, tampoco había esperado ver esto.
Su garganta se movió ligeramente y sus ojos se oscurecieron bastante, ¿podría ser que e