Cuando Magnolia vio la llamada de Ricardo en su celular, creyó que sus ojos estaban nublados. ¿Ese tipo se habría equivocado de número, o de lo contrario por qué la estaba llamando por iniciativa propia?
El teléfono seguía sonando, indicando que el otro no tenía intención de colgar. Tras un momento de vacilación, finalmente presionó el botón de contestar y acercó el aparato a su oído, preguntando con precaución: —¿Me necesitas, señor Vargas?
—Tus papás adoptivos vinieron de nuevo a la casa, pidi