Magnolia esperó un momento hasta que Ricardo finalmente se dio la vuelta. Bajo sus ojos se notaban las venas rojas, dejando claro que no había dormido bien, y eso que le envío a ella inmediatamente escalofríos. —¿Es que algo le pasó a la abuela?
Acababa de terminar su frase cuando quiso entrar en la habitación, pero el hombre le agarró la muñeca y, con voz ronca y baja, respondió: —No es eso.
—¿Entonces qué está pasando en realidad?
Magnolia estaba confundida y ansiosa a la vez. Observó sus pro