—Hermano, quiero casarme con Ricardo.
Javier soltó un suave suspiro y preguntó: —¿No podrán otros?
—No, nadie podrá.
Javier reflexionó un momento y volvió a indagar: —¿Estás segura de querer usar mi promesa de esta manera?
—Sí, estoy más que segura.
Unos instantes después, Javier respondió al otro lado de la línea: —Okay, ya veo.
Magdalena sintió al instante un gran alivio y apenas pudo ocultar su alegría en su voz. —¿Realmente estás de acuerdo en que me case con Ricardo, hermano?
—Sí, cumpliré