Ricardo frunció el ceño al verla alejarse, pero no pronunció ni una palabra.
Julio nerviosamente tragó saliva y preguntó: —Jefe, ¿qué hacemos con este documento?
Ricardo les echó un vistazo a los papeles y respondió con el tono indiferente de siempre: —Ya te lo dio, así que tú te encargas.
Julio se quedó paralizado al instante, sintiéndose como si estuviera sosteniendo una patata caliente en sus manos, atrapado entre la espada y la pared.
¿Por qué el trabajo de hoy resultaba tan difícil?
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De