Su mirada y su rostro se le hacía extrañamente familiar. El hombre de la intensa mirada tenía tatuajes en todo su cuerpo, o en la gran parte. Su aura era tan oscura que su propio compañero de celda parecía temerle profundamente. Ella lo miró y lo miró sin ningún disimulo, y de repente... vio en su muñeca, aquella pulsera con el símbolo que tanto buscaba pero que había dejado de lado por un largo tiempo.
Sus preocupaciones tenían otros nombres pero en ese preciso instante, cualquier preocupació