Al día siguiente, Valentina aprovechó el momento para quedarse un poco más en la habitación compartida con Dante para cerciorarse de que Vincenzo si o si esté en el jardín.
Una vez segura, silenciosamente caminó sigilosamente hasta llegar a la biblioteca de nuevo.
Valentina se detuvo en la entrada.
Por un instante, no avanzó, ella ya sabía que cruzar esa puerta significaba perder la única oportunidad que tenía.
Aun así, entró.
Cerró la puerta sin hacer ruido.
Sus pasos fueron lentos, medidos.