Nadie olvida una boda rota por el poder...
Las burbujas ya desaparecidas reposaban en el fondo del vaso como un recuerdo efímero, igual que la imagen de ella con un vestido blanco frente a un altar. Valentina trazó con el dedo el borde húmedo del cristal; el frío del limón impregnaba aún su piel, pero por dentro sentía fuego.
Ahora mismo por un instante dejó de ser ella, para ser alguien más solo por un instante. Sabe que lo que vendrá es aún más duro que lo que acaba de terminarse.
Había demasiadas verdades latiendo en su cabeza, todas exigiendo espacio al mismo tiempo… Lo que Matteo le contó, lo que sucedió en la iglesia, la presencia firme de Dante aún cuando creía que ya no lo volvería a ver…
Respiró hondo, cerró los ojos un instante y pensó por primera vez en mucho tiempo en sí misma, no como novia, no como madre, no como hija de nadie… sino como Valentina.
… ¿Qué quería ahora?, ¿Que es lo que haría?...
No tenía una respuesta completa, pero la pregunta ya no le daba miedo. Era un comienzo.
Terminó el agua de un sor