Nadie olvida una boda rota por el poder...
Las burbujas ya desaparecidas reposaban en el fondo del vaso como un recuerdo efímero, igual que la imagen de ella con un vestido blanco frente a un altar. Valentina trazó con el dedo el borde húmedo del cristal; el frío del limón impregnaba aún su piel, pero por dentro sentía fuego.
Ahora mismo por un instante dejó de ser ella, para ser alguien más solo por un instante. Sabe que lo que vendrá es aún más duro que lo que acaba de terminarse.
Había demasiadas verdades latiendo en su cabeza, to