Evadne
La débil luz del atardecer se filtra a través de las cortinas de la habitación, tiñendo las paredes de tonos dorados y melancólicos. Mi cuerpo yace frágil sobre la cama, luchando contra el peso implacable del cáncer lupino que se aferra a mi ser como una sombra indomable. Théo, mi amado Théo, permanece ajeno a la verdad. Todavía no he sido capaz de confesárselo apropiadamente.
Después de ver a Faelan muerta, ahora más que nunca debo quedarme en esta habitación, es el único lugar seguro,