Evadne
Thalia y yo llevamos varias horas en el carruaje. Todavía es de noche; puedo ver claramente lo mucho que nos hemos alejado del castillo. No sé hacia dónde nos está llevando Killian, pero sin duda es a algún lugar del reino que no he visitado antes.
—¿Por qué me dejaste dormir toda la tarde, Thalia? Ahora van a pensar que además de inútil soy una vaga —me quejo.
—Lo siento, alteza, es que la vi tan placida durmiendo, no quise despertarle. El rey también la vio dormir y ordenó que nadie la