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El barco giró. El viento cambió. Las velas se hincharon. El barco se movió a toda velocidad hacia el canal del oeste. Nefertari miró hacia atrás. Y lo vio. Una luz. Una luz en la distancia. Una luz que se movía a gran velocidad. El corazón le latió con fuerza.
—¡Ahmose! —gritó—. ¡Nos están siguiendo!
Ahmose miró.
—Nebu, dile a los hombres que remen. ¡Con fuerza! No podemos dejar que nos alcancen.
Los hombres de Ahmose se sentaron en los bancos y empezaron a remar con fuerza. El sonido de los