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—¡Ahmose! —gritó Nefertari.
—¡Vete, Nefertari! ¡No mires atrás! —la voz de Ahmose, aunque débil, era una orden que Nefertari no podía desobedecer.
Las lágrimas de Nefertari corrían por su rostro. Sabía lo que eso significaba. Sabía que Ahmose se quedaría atrás, luchando hasta su último aliento.
Y entonces, sucedió.
Justo cuando Menkat estaba a punto de asestar un golpe letal, un sonido resonó en la noche. No era el choque de las espadas. Era el sonido de un arco tensándose. Una flecha silbó