63
La luz de luna caía sobre los jardines del palacio, bañando las flores y los árboles en un resplandor fantasmal. Nefertari, con una túnica oscura para no ser vista, caminaba por los pasillos silenciosos. Baketamon a su lado sostenía una pequeña lámpara de aceite.
—¿Estás segura de esto, mi señora? —susurró Baketamon. —Es demasiado peligroso. Si nos descubren…
—No nos descubrirán —dijo Nefertari—. Tengo que verlo.
Llegaron al estanque de lotos. El agua reflejaba la luna. Ahmose estaba allí, d