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Caminaban por los callejones estrechos de Menfis, llenos de basura y animales que huían de su presencia. El silencio era primordial. Nefertari caminaba junto a Ahmose, sintiendo la tensión en sus músculos. Su corazón latía con la fuerza de un tambor. Cada sombra era un enemigo. Cada sonido era un peligro.
—Estamos cerca del puerto —susurró Ahmose.
Nefertari levantó la vista. Vio las luces de las lámparas de aceite que brillaban en el puerto. El sonido del agua, de los barcos que se movían en