Nefertari sintió un escalofrío en la espalda. Las palabras eran duras pero reales y necesarias. —Y mi padre… Paser. Tiene mucha ambición. Si esto se supiera, su reputación, su puesto… todo se derrumbaría. No lo permitiría.
—Lo sé. Pero… no puedo evitarlo, mi señora. No puedo dejar de verte. No puedo evitar lo que siento.
Nefertari lo miró con lágrimas en los ojos. —Yo tampoco, Ahmose. Cada día en este palacio es una tortura. Cada vez que Menkat me mira, me toca… siento que me ahogo. Tú eres mi