Una tarde, Nefertari estaba en el cuarto de las telas revisando cómo iban sus vestidos de novia cuando un sirviente llegó corriendo.
—Mi señora, el príncipe Menkat quiere verla. A solas. En el pequeño salón de reuniones.
A Nefertari se le heló la sangre. A solas. Eso no pintaba nada bien.
Baketamon, que estaba a su lado, se quedó mirándola. —Mi señora, ¿quiere que la acompañe?
Nefertari negó con la cabeza. —No. Esto… esto es cosa suya y mía.
Caminó hacia el pequeño salón de reuniones, un lugar