Capitulo 11

Ya amanecía y el sol empezaba a pegar fuerte en el patio de entrenamiento de la guardia real. Se oían las lanzas de madera chocando, los soldados resoplando y los sargentos dando órdenes. Ahmose, como siempre, estaba en medio del lío, moviéndose como una máquina perfecta. Pegaba bien y se defendía mejor. Pero Hori, su amigo de siempre, notaba algo raro.

Hori estaba apoyado en su lanza, mirando a Ahmose desde un lado. Con lo

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