92.
El barco de Barba Negra estaba en el malecón, los marineros se habían quedado ahí mientras la guardia española y el príncipe descendían en silencio. El príncipe estaba pensando en lo que había visto. Ariel era una sirena no lo podía negar, todo este tiempo estuvo comprometido con una sirena y jamás lo sospechó. Trataba de pensar en si hubo alguna señal, algo que la hubiera podido delatar antes, pero solo pensaba en cómo su voz era hipnótica y no podía evitar cumplir sus peticiones.
El coraje