62.
Se levanta con la poca dignidad que le queda, se acerca a su tridente y sin quitarlo del trono corta su mano pasándola por sus filosos dientes para después tomar el diamante, este empieza a palpitar y deja sin fuerzas al rey que de nuevo cae postrado ante ella.
La hechicera ve fijamente el diamante palpitando frente a ella, la luz que despide es hipnotizante y una sonrisa se forma en sus labios sintiéndose satisfecha por haber cumplido con su propósito. El enorme tiburón blanco se mueve lentam