59.
—Lo siento, pero mi magia me la reservo para mí. Aprendí que hay gente malagradecida que puede hacer daño con ella. —Con la mirada fija en el rey, Gumbora escupe cada palabra con odio—. Usted bien lo sabe, su majestad… Le recomiendo que se apure, su hija puede estar en aprietos. —Le guiña un ojo y vuelve a darle la espalda molesta.
Ante la sorpresa en los ojos del hechicero, el rey se abalanza sobre la hechicera, la toma por el cuello y con fuerza la azota contra la pared haciéndola voltear ha