33.
—Entendí, mi señor… Lo entendí perfectamente. —Bajando la cabeza y con la cola entre las patas, sale de ahí Tavernier. Parece que el golpe que le dio Morgan es suficiente para hacerlo caminar de forma incoordinada.
—No hay nada que ver aquí, ¿entendido? La fiesta ha terminado —dice el príncipe y la gente poco a poco empieza a dispersarse.
—¡Mi niña! —Entra corriendo la ama de llaves hacia la sirena. Se sienta a su lado y revisa su rostro como si a través de sus ojos pudiera saber cómo está, mi