34.
—Tampoco tú lo eres… Si todo esto que estás diciendo solo es para vigilarme y que no me quede con la joya, descuida, no es el plan.

Morgan sonríe y acerca su mano hacia la mejilla de Cirice para acariciarla tiernamente, pero de pronto ella reacciona y le lanza una bofetada que nunca llega, con la misma mano que mantenía en su mejilla, la toma por la muñeca, deteniéndola.

—Tenemos un trato, confío en ti, Cirice… más de lo que crees.

Morgan de nuevo se acerca lentamente, sus labios se muestran
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