Abbey se recogió el cabello con un gesto ágil y observó el balde lleno de agua jabonosa y la escoba que le esperaban junto a la puerta.
Estaba decidida a limpiar aquel lugar polvoriento.
—Vamos allá —se dijo a sí misma.
Abrió la puerta de una de las habitaciones y pulsó el interruptor de la luz. Nada ocurrió. Insistió un par de veces más, pero el resultado fue el mismo.
—¿Se habrá fundido la bombilla? —se preguntó, frunciendo el ceño.
Gracias a las indicaciones de Mercy, Abbey no tardó en dar c