Mundo ficciónIniciar sesiónEl aroma que flotaba en el apartamento 4C no era el habitual caos de especias quemadas del pasillo. Era café, negro y tan fuerte que probablemente podría usarse para decapar muebles. Iris, todavía luciendo sus pantuflas de conejo con orejas caídas, presidía la mesa del comedor con la solemnidad de un juez de la Corte Suprema, aunque su estrado fuera una mesa de melamina sueca con una mancha circular de una taza de té de 2019.
Frente a ella, el "equipo de choque" ocupaba sus posiciones. Mateo, el arquitecto de mandíbula tensa y ojos que leían almas, se veía extrañamente fuera de lugar sentado en una silla plegable. A su lado, Caleb, el "ogro" del 4B , mantenía los brazos cruzados y una expresión que sugería que preferiría estar pasando por una endodoncia sin anestesia antes que estar allí.
—Bien, caballeros —comenzó Iris, ajustándose unas gafas de lectura que no necesitaba, pero que daban "autoridad visual"—. Estamos aquí para formalizar lo que la historia recordará como el Tratado de la Toscana. O, como yo lo llamo: "Operación: Que Julián se atragante con su propia felicidad".
Iris sacó una libreta con t***s de purpurina y un bolígrafo con un pompón rosa. Caleb soltó un suspiro que sonó como un bloque de hielo quebrándose.
—¿Es necesario el pompón? —preguntó Caleb con su característica voz gélida. —El pompón es el guardián de mi cordura, Caleb. No lo cuestiones —replicó ella sin mirarlo—. Regla número uno para Mateo: El Personaje.
Mateo arqueó una ceja, ese gesto que Iris ya empezaba a encontrar peligrosamente atractivo. —¿Tengo nombre artístico?
—No, pero tienes una biografía —Iris consultó sus notas—. Eres un arquitecto de éxito —bueno, eso ya lo eres, así que no hay que esforzarse mucho — que acaba de ganar un concurso internacional para rediseñar un museo en Oslo. Eres culto, pero no pedante. Eres deportista, pero no de los que hablan de sus macros en la cena. Y, sobre todo, estás perdidamente enamorado de mi "aura compleja".
—¿Aura compleja? —Mateo soltó una risa corta —. El otro día dijiste que tenías el aura color asfalto mojado.
—Eso fue en un momento de crisis —interrumpió Iris con un gesto de mano—. En la Toscana, mi aura es "misterio nocturno con destellos de resiliencia". Vanessa no podrá competir con eso aunque se bañe en cacao sagrado.
Iris giró su atención hacia Caleb, quien seguía mirando el servidor de su portátil como si fuera a salvarlo de esa conversación.
—Caleb, tú eres el Jefe de Logística y Guerra Psicológica —dictaminó Iris—. Tu misión es doble. Primero, ser el "mejor amigo cínico" que intimida a Julián solo con existir. Julián siempre se sintió inferior ante los hombres que saben arreglar cosas... o hackearlas. Segundo, tienes que asegurarte de que mi primo del GlobalTech reciba tu currículum bajo mi recomendación personal.
Caleb levantó la vista de la pantalla. Sus gafas de montura negra brillaron bajo la luz de la cocina. —Si voy a ser el "mejor amigo", necesito saber por qué te dejó —dijo Caleb con una franqueza brutal—. Para destruir a un hombre, hay que conocer sus inseguridades. ¿Fue por la intensidad? ¿O por las pantuflas?
Iris sintió un pinchazo de dolor en el pecho, ese que aún le recordaba que Julián se había llevado la cafetera y su fe en el amor. —Dijo que yo era "demasiado", Caleb. Demasiado ruidosa, demasiado dramática, demasiado... presente. Y luego se buscó a Vanessa, que es básicamente un mueble minimalista con suscripción a una revista de yoga.
Mateo, que había estado observando la interacción en silencio, extendió la mano y dio un golpecito suave en la mesa para llamar la atención de Iris. —No eras "demasiado", Iris. Simplemente estabas en el código postal equivocado.
El silencio que siguió a ese comentario fue tan denso que Iris casi pudo saborearlo. Caleb puso los ojos en blanco con una intensidad que casi los hace desaparecer.
—Siguiente punto —dijo Iris rápidamente, aclarándose la garganta para disimular su sonrojo—. El contacto físico. Mateo y yo necesitamos parecer una pareja real. Esto implica:
Cogida de manos: Frecuencia media. Especialmente durante los brindis.
Besos en la mejilla/frente: Permitidos en público.
Besos en los labios: Solo en caso de "Emergencia de Ex-Pareja". Por ejemplo, si Julián intenta ponerse nostálgico o si Vanessa presume de su anillo de compromiso de comercio justo.
Mateo se frotó la barbilla, mirando a Iris con una intensidad que no era de un vecino huraño. —¿Quién define la "emergencia"? —preguntó él. —Yo. Yo soy la capitana de este desastre.
Caleb cerró su portátil con un golpe seco. —Si este contrato incluye una escena de celos falsa en un viñedo, cobro el doble de recomendación laboral —sentenció el "ogro".
Iris se levantó y sacó tres tazas desparejadas. Llenó cada una con el café amargo que había preparado. —Caballeros, esto no es solo una boda. Es una declaración de principios. Vamos a demostrar que el cuarto piso de este edificio derruido tiene más clase, drama y potencial de venganza que cualquier viñedo italiano.
Extendió su taza hacia el centro de la mesa. Mateo se levantó, su altura haciendo que la cocina de Iris pareciera repentinamente minúscula. Caleb, tras un suspiro de resignación final, también se unió al círculo.
—Por el "Blanco Integral" —dijo Mateo, con una chispa de diversión en los ojos. —Por el aura pura —añadió Caleb, con sarcasmo letal. —Por el contrato —finalizó Iris, sintiendo que, por primera vez desde que recibió ese sobre color "hueso de unicornio", el aire ya no se sentía como cemento.
Las tazas chocaron con un sonido cerámico. El pacto estaba sellado. No solo tenían un plan; tenían un contrato redactado con purpurina y una determinación nacida del despecho más puro. La Toscana no sabía lo que se le venía encima, pero el pasillo del cuarto piso ya estaba empezando a vibrar con la inminente colisión entre la realidad y la farsa.







