La luz del alba se filtraba de manera errática a través de las pesadas cortinas de seda de la antigua residencia Castillo. A diferencia de los amaneceres gélidos y metálicos en el ático de Alexander, aquí el sol traía consigo el olor a madera antigua, a lluvia seca sobre el estuco y a un pasado que se negaba a permanecer enterrado. Sin embargo, para mí, ese aire familiar se sentía ahora como un gas asfixiante.
Alexander dormía a mi lado, o al menos eso aparentaba. Su respiración era rítmica, per