NARRADO POR BIANCA SERNA
Tomé el teléfono de las manos de Ezra sin decir nada, sintiendo cómo la tensión de su rostro se me contagiaba antes siquiera de leer la pantalla. Busqué la fecha entre el mensaje de su abogado, y en cuanto la vi, sentí cómo el aire se me quedaba atrapado en el pecho.
Era la misma semana en la que estaba programado nuestro regreso triunfal a la ciudad.
—Ezra —dije, con la voz apenas firme— esto no puede ser casualidad.
—No lo sé —respondió, pasándose una mano por el rost