NARRADO POR BIANCA SERNA
El avión inició el descenso justo cuando el sol empezaba a asomarse entre las nubes bajas que cubrían la ciudad, y sentí cómo el estómago se me contraía con una mezcla extraña de nervios y expectativa que no lograba calmar del todo, ni siquiera con la mano de Ezra firmemente entrelazada con la mía durante todo el vuelo.
—¿Cómo te sientes? —preguntó, notando la tensión en mis hombros mientras el avión sobrevolaba las últimas nubes antes de aterrizar.
—Como si estuviera a