La gitana detuvo su baile.
No le gustó ver los rostros de aquellos niños,de alguna manera le recordaban a su hijo. Las estúpidas lágrimas amenazaron con aparecer,pero se las tragó con orgullo y levantó el rostro para darles una sonrisa y así dejarán de estar tristes por la historia que Melchor acababa de contar. De pronto sus ojos se encontraron con los de él,Parminius.
No había forma de que escapara esta vez,y se sorprendió a si misma al darse cuenta de que no quería hacerlo.
Él se apresuró a