Llevaba sentado al borde de la catedral lo suficiente como para ya no sentir las piernas,aún así,no había otro lugar al que Jeremiah quisiera ir en esos momentos en los que la melancolía y la desesperación hacían mella en sus recuerdos. ¿Cuántos años habían pasado ya?
Casi 20 o menos y aún así el recuerdo de su bella Elisa le perseguía cada noche,cada día,a cada instante. Había cosas tan pequeñas que lo hacían recordarla que dolía en el alma. Porque aunque Horas dijera otra cosa, él aún tenía