La luz comenzó a filtrarse iluminando la estancia. El reloj biológico de una persona habituada a tener que levantarse para trabajar hizo su presencia, haciendo que el cerebro de Kate se despejara. Sus párpados se agitaron y sus ojos se abrieron por inercia, sin rastro de sueño. Su cuerpo se sentía palpitante, lleno de vida, con el característico sabor dulce de haber disfrutado de una buena comida.
Hizo una mueca. No se acordaba de eso, por lo que significaba que seguro había atacado a mordiscos