El salón de baile Venetian de Las Vegas era todo lo que Lora nunca había imaginado. Para ella, entrar en aquella sala fue como volver a sumergirse en un sueño del que llevaba meses intentando despertar.
Se alisó la tela de su vestido esmeralda hecho a medida. A su lado estaba Dante, con el porte de un hombre que se adueñaba del aire que respiraba.
—Respira, Lora —susurró Dante.
—Estoy respirando —mintió ella, apretando con fuerza el bolso de mano—. Es solo que... la última vez que asistí a un