La habitación estaba en penumbra, apenas iluminada por la lámpara de lectura que parpadeaba suavemente junto a la cama. El monitor cardíaco emitía un leve pitido constante, monótono, como un metrónomo de calma forzada. El leve zumbido del aire acondicionado contrastaba con el silencio espeso que envolvía el lugar como una manta invisible.
Alan despertó lentamente. Su conciencia emergió del letargo como si estuviera nadando en una corriente densa. Lo primero que sintió fue el cosquilleo en las y