El murmullo del viento acariciaba las cortinas de lino blanco que se mecían con suavidad en los ventanales del salón. Desde el exterior, el cielo anunciaba una noche despejada, con una luna redonda y brillante que bañaba el lugar con un halo plateado.
En el interior, todo vibraba con un ajetreo inusual. Los meseros entraban y salían, los decoradores daban los últimos toques a los arreglos florales con rosas azules y peonías, mientras la música instrumental flotaba desde las bocinas integradas