Capitulo 37

El reloj marcaba las cinco con dieciocho minutos. El aire dentro de la mansión estaba tibio, perfumado con la fragancia tenue de las flores que adornaban el recibidor. A lo lejos, el canto agudo de un mirlo se colaba por los ventanales entreabiertos del salón principal. Nelly cerró el libro con un suspiro, dejando escapar el leve olor a papel envejecido y tinta.

No había logrado leer más de una página.

Sus pensamientos, lejos de calmarse, se agitaban con más fuerza que antes. La visita repentina de Alan había removido algo en su interior, algo que aún no lograba nombrar, pero que la inquietaba. Se frotó los brazos desnudos, como si quisiera quitarse de encima una sensación pegajosa, incómoda.

El café caliente que le había preparado la cocinera la esperaba en la bandeja de porcelana, aún humeante. Decidió que el encierro de las paredes ya no le servía. Tomó la taza con ambas manos, sintiendo el calor atravesar la cerámica hasta sus palmas, y caminó hacia el jardín.

El aire exterior est
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