Mientras tanto, en la mansión, Nelly se encontraba en el salón, acurrucada en uno de los sillones tapizados en terciopelo azul. Un libro de romance intenso descansaba abierto en su regazo, aunque sus ojos llevaban varios minutos sin leer una sola palabra. La chimenea crepitaba suavemente, lanzando destellos dorados que bailaban en las paredes, mientras una brisa ligera agitaba las cortinas blancas de lino en las ventanas abiertas. Todo parecía tranquilo, casi demasiado.
Pero dentro de ella, la