La mañana después de la gala, Adrián despertó con una sensación inusual en el cuerpo. La luz matutina se colaba entre las rendijas de las pesadas cortinas de su dormitorio, y la habitación, impecablemente ordenada, reflejaba la fría perfección que siempre había sido su refugio.
Sin embargo,. Había algo que lo inquietaba, algo que no lograba identificar y que, al mismo tiempo, no podía dejar de pensar.
Nelly.
¿Donde estaba?
Se sorprendió no verla, y era ese vacío que sintió al no tener encima