Luego de derribar la puerta, entraron una docena de hombres armados, Bernardo creyó que eran sus propios peones que llegaban a rescatar a la mujer que gritaba, su asombro fue mucho cuando vio a tantos uniformados.
Esta vez se le había acabado la suerte.
Aunque él no estaba enterado, ya se le había terminado en el aeropuerto, el custodio que se había acercado a Facundo, tal como le indicó el frío asesino, cuando verificó que el joven estaba casi sin sentido, dio la alerta y revisaron las cámaras