Edith terminó de levantar la mesa y se dirigió a la cocina.
Lavó los platos bajo la atenta mirada del hombre.
Él nunca en su vida vio que su madre y mucho menos su novia, se dignara a lavar los platos y estaba seguro que en vida de su marido, Edith tampoco lo hacía, tendría empleadas que se dedicaban a esa labor.
-Te puedo poner empleadas, que no seas más la cenicienta, ni que salgas a trabajar por la noche.
Quería convencerla de alguna manera.
Ella le sonrió sin dejar de arreglar la cocina, de