10| La mansión.

A Esther le dolió la cabeza, un mareo hizo que se tuviera que agarrar de la pared para no caer al suelo. con la mirada buscó la bacinica, pero se había escapado de su mano.

León se estaba acariciando el chichón que comenzaba a formarse en su cabeza y Esther parpadeó para poder entender lo que estaba viendo.

Era él, el vagabundo. Tenía unos pantalones cortos que le llegaban a la mitad de la pierna y que dejaba ver unos muslos portentosos, una camisa sin magas que exhibía unos brazos tan fuertes
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