La carretera se extendía frente a ellos, como un sendero interminable hacia lo desconocido. A pesar de haber recorrido kilómetros alejándose de la devastación del pueblo, Nicolás no podía sacarse de la cabeza un solo pensamiento: debía regresar a la ciudad. Sabía que la Sombra no descansaría hasta terminar lo que había empezado, y la única manera de detenerlos era enfrentarlos en su propio terreno.
Helena, sentada a su lado, observaba su perfil mientras conducía. La tensión en los hombros de Ni