Adrián se sentó en el borde de su escritorio, su mirada fija en las sombras que cubrían la ciudad a través de la enorme ventana de su oficina. Sabía que había sido un error permitir que las cosas llegaran hasta este punto. Debió haber eliminado a Aitana mucho antes, cuando aún tenía el control absoluto. Pero había sido blando. La compasión, un rasgo que siempre había considerado innecesario, lo había traicionado.
"Es hora de corregirlo", pensó mientras sacaba el teléfono de su bolsillo. Sus ded