El eco del disparo aún retumbaba en la cabeza de Aitana. La habitación parecía congelada en el tiempo, mientras ella permanecía inmóvil, mirando el cuerpo de Nicolás en el suelo. Por un segundo, todo parecía haber terminado.
Pero entonces, algo ocurrió.
Nicolás no se movía. No había sangre, no había el impacto que esperaba. La confusión llenó sus ojos cuando de repente, el cuerpo de Nicolás emitió un leve gemido. Su pecho seguía subiendo y bajando. ¿No estaba muerto?
Aitana soltó el aire que ha