El almacén era frío y lúgubre, con paredes de metal oxidadas y techos altos que parecían amplificar el eco de cada paso. Adrián caminaba con una seguridad que irradiaba autoridad, su figura iluminada brevemente por los tenues rayos de luz que se colaban a través de las grietas en el techo. En ese silencio inquietante, una sombra encadenada se movía en el rincón más oscuro del lugar. Nicolás.
Sentado en una vieja silla de madera, Nicolás levantó la mirada al escuchar los pasos acercándose. Sus o