El despacho de Adrián estaba sumido en penumbras, con apenas la luz del monitor iluminando su rostro. Afuera, la noche era densa, como si el mundo mismo conspirara con él en sus oscuros planes. Adrián estaba sentado frente a su escritorio, revisando una serie de informes cuando el sonido de la puerta abriéndose suavemente lo sacó de su concentración.
Luis entró con pasos silenciosos, siempre meticuloso en su proceder, y cerró la puerta detrás de él. Su rostro reflejaba la misma calma de siempre