El aire en los túneles inferiores de la ciudad era pesado, impregnado de un olor a moho, hierro viejo y electricidad estática. El vehículo blindado se detuvo frente a una esclusa circular de acero que parecía sacada de un submarino de la Guerra Fría. Liam me ayudó a bajar, su mano apretando la mía con una fuerza que buscaba anclarme a la realidad mientras mi visión seguía parpadeando entre el hormigón desnudo y flujos de datos invisibles que intentaban filtrarse por las grietas del techo.
—Aquí