Amelia se colocó de pie y estampó sus manos en las mejillas de Gabriela, quien parpadeó y llevó la mano a sus mejillas al ver la reacción de su madre.
—Tu no tienes derecho a reclamar nada, y mucho menos asegurar que Alan no me ama. Quiero que te vayas de esta casa, y rápido, Alan no está a gusto con tu presencia y es lógico que tú te vayas con el padre de mi nieta —dijo Amelia.
—Vaya, vaya, para tu información no me pienso ir, esta casa afortunadamente está a mi nombre, y no al tuyo y mucho me