Dentro de los vehículos, el mundo se reducía a respiraciones medidas y a pantallas que vibraban sin cesar, decenas de mensajes de apoyo, ruegos de entrevistas, alertas de emergencia, y fue cuando Olivia cerró los ojos un instante, no para dormir, sino para sostenerse, y Amir, con los dedos entrelazados a los de ella, repasó por enésima vez la secuencia de decisiones, el control de daños, la dignidad de los suyos, la justicia por venir, y mientras afuera, la ciudad continuaba su danza de sombras